Soliloquio desvelado

Es simple,
agarras una palabra
y la estrujas
como si fuera una fruta,
un trapo.
Es simple,
absorbes el jugo
la sangre
de las cosas 
que dejan rastro
en el mundo.
Se llama
el placer.
Y en ese mismo encuentro
la palabra
se vuelve el punto
para entrar en contacto
con otra serie
de rastros
que no tienen forma
aún.

Horas desveladas 2

Seguimos escribiendo porque estamos inconformes. No sólo con lo que dicen del mundo, sino también con lo que nosotros hemos dicho. Cuando estamos conformes, nos embriagamos y todo vuelve a comenzar. Pero no vivimos en un círculo, sino en un espiral que larga el olor de algo que se está cocinando.

Nuestra boca está embebida de la sustancia de un caldero de alquimistas que mezclan las lenguas de los fantasmas, con la de los pueblos, los animales y los objetos del mundo.

Horas desveladas

¿Qué se yo para qué escribimos poesía? Pero no podemos parar. Todos tenemos algo con lo que no podemos parar. ¿Será nuestra manera de respirar en la noche cerrada del mundo? ¿Será para no morir de dolor?

Horas desveladas, en que algunos duermen con la ventana abierta y sueñan mientras otros leemos líneas absurdas que intentan abrir la ventana del sueño en la vigilia.

Alacrán

Alguien alacrán         ha de               llamarme
tierra difusa               tierra perdida
extraña demencia
en la línea de su visión
mi sombra es una parte de mí
y no soy yo quien se pierde
en mil pedazos
entre               el adoquinado          verseado
de mi ciudad              co-dolida
en perplejo tiempo y cuchillo vasto
como quien se atreve a rajar
la distancia con el paisaje
la otredad con mayúscula sin máscara
revela             en un canto al veneno silencioso.  

Sur otoñal

escucho al corazón de cristal
crepitar en las inmensidades
de un silencio insalvable

como una vuelta de página
el aleteo de un pichón
saliendo del nido

una llamarada se agita con el aire
del sur otoñal que acarrea
en el viento
la tormenta.

Liberarse

las cuerdas retorciendo
flagelos de los pies
en el borde del nudo mundo
de un precipicio

enquistados caminos de lo antedicho
trémula voz de un cacareo
que se infiltra en un sueño

olvida en el arte
de la suspensión el coágulo
y viste
filtración de luz
en el cuenco bebible del instante

los personajes son murallas
condescendientes a la vigilia
aunque sumisos al canto
nos dejó
el pájaro en la noche

y acá
con abismo y conflicto
entre sus manos
le crecieron alas de Ginkgo
con la ceniza del dolor
brotando
sin presión
sin mí

quien dice dónde
 dice cuándo
pero nunca quién
entramando la fragilidad
de las cosas perdidas
y por encontrar
como la poesía
atina
            al invisible nadie
volverlo multitud.

Lombriz de tierra

como el plomo de una caña
cae

la caída en su cuerpo
vibra

el secreto del fondo
envuelve

como una hormiga reina
vive

acechada por fantasmas
se
retuerce

Pájaro de fuego

Ser pájaro de fuego
en ovillo de agua

cruzar las alturas
de una niebla
la puerta encrucijada
del desierto

verse vernáculo en verso
y desatar
a campo semántico
un ejército parva
            en boca de otro

ser atmósfera en lo tardío
            lo prematuro
huevo y tumba

            en su justa medida
punta de flecha
dirigida al silencio
en aleteo de infierno
torrente del tiempo.

Estallan luces

Estallan luces
vertientes en la montaña
desfiguradas
entre sonidos
de la noche
mientras
mi sombra  
reconfigura el cemento
como pez  de terciopelo
                fugándose
del garzo amo
y chapotea el roquedal
de acequia

mientras  
nadie está
para escuchar plagas traicioneras

palabras  de un amigo
que se pierde una vez más
                más allá de la frontera del mar
en silencio
otra vez más
                con dolor y en soledad

me quedo
con las luces de mi ausencia
que estalla caminando
y se deja atravesar
por ilimitados recuerdos  
                en consonancia vibrátil
                con la estrella oriental.